Sentados a la buena mesa del fogón de el Camarada, en la calle de Ignacio Pérez (no el futbolista, ni el Senador riojano, ni el militar canario, que peleó contra los independentistas cubanos). Pero no importa cuál.
Sentados pues, pedimos una michelada preparada: cerveza pacífico, chile, limón, hielo, sal en la orillita del vaso (como en el verso de Chinaski: Soy la orilla de un vaso que corta)... enseguida una cecina estilo serrano: Carne en salada, colgada a la intemprie de las moscas del calor de ese sol y esa húmedad, mucho limón y se deja ahí, al aire y los vientos de la sierra Gorda, por un par de semanas.
Se pone a tostar en el comal o directamente en la brazas y se deja dorar hasta lo crujiente. Se mastica rudamente acompañada de porciones generosas de guacamole, chile, limón, cebolla, cilantro y además de la michelada un trago de tequila o aguardiente.
Luego de eso estamos listos (prestos, aceitados, salivantes, deseosos), para comer un buen pedazo de cadáver rumiante acompañado de enchiladas de la región: tortillas pasadas por aceite muy caliente en cazuela de barro, y bañadas en una salsa de chile guajillo, rellenas de requesón y adornadas con papas y zanahorias cortadas en cuadritos y pasadas por el mismo aceite de hace un rato. Chiles serranos al gusto y queso cotija.
La carne, pues es la carne: jugosa, corte grueso, crudo al centro, el gordo bien dorado, el humo del arbón jugueteando entre tus dientes y picándote un poco la mariz.
¿De postre un flan casero? ¿Porqué no?
Ahora que, si estas de ánimo, te puedes ir a Cadereyta y comer junto al cactáreo, nopalitos en penca.
Se vacía de su carne un nopal de buen tamaño, se mezcla ésta con cilantro, cebolla, chiles verdes, carnitas, chorizo fresco, carne de res, un poco de pollo, chile guajillo trozeado, ajo, bastante orégano, y se vuelve a rellenar con la mezcla el cacto.
Se envuelve en papel aluminio y se entierra bajo las brazas de la fogata casi extinta que encendiste en la adrugada con los huizaches que juntaste en el campito, al calor del aguardiente y la conversa... se come con salsa molcajeteada por las manos de una virgen morena heredera de los otomíes o los chichimecas dueños originarios de estas tierras... y en tacos echos con tortillas tiradas a mano por la virgen morena de ojos dulces y cicatriz equívoca en la comisura de los labios. ¿Postre? ¿Será necesario?
Y de regrso, fíjate en los lotes de coches chocolatos que han proliferado por la toda la región, una explorer en 3000 dólares. Restos que se van quedando de nuestros viajes al otro lado. El día va cayndo en el vacío y tu todavía andas del lado bravo del Río.